Golpe a la democracia

La aplicación del artículo 155 de la constitución y las medidas que el gobierno ha tomado para su desarrollo provoca estupor democrático. No por menos esperado. Sobrepasar ciertas líneas, aún considerando al gobierno del Partido Popular capaz de cualquier cosa,  te coloca en un estado de shock, en un esto no es posible que esté pasando. Aunque considere que la democracia del Estado era ya defectuosa y su funcionamiento, formalmente democrático, engañoso.

Estas son las medidas tomadas por el Partido Popular, pendientes de la autorización del Senado que está controlado por la derecha española:

  • Cese del Presidente, del Vicepresidente y de los Consejeros del gobierno catalán que integran el Consejo de Gobierno de la Generalitat de Cataluña.
  • La Administración de la Generalitat de Cataluña actuará bajo las directrices de los órganos y autoridades creados o designados por el gobierno de la nación.
  • El Parlamento de Catalunya no podrá tramitar iniciativas que resulten contrarias a las presentes medidas, ni a su presupuesto, objeto y finalidad.
  • Los órganos y autoridades creados o designados por el gobierno de la nación podrán dictar instrucciones directas y de obligado cumplimiento a los miembros de la policía de la Generalitat de Cataluña – Mossos d’Escuadra o sustituidos por Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del estado.
  • Se habilita al gobierno de la nación a ejercer las competencias necesarias en materia económica, financiera, tributaria y presupuestaria.
  • Corresponderá a los órganos y autoridades creados o designados por el gobierno de la nación el ejercicio de las funciones de la Generalitat de Cataluña relativas a las telecomunicaciones y servicios digitales, a las tecnologías de la información, del Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información y del Centro de la Seguridad de la Información de Cataluña.

Con respecto a TV3 dicen que se garantizará la transmisión de una información veraz, objetiva y equilibrada, respetuosa con el pluralismo político, social y cultural, y también con el equilibrio territorial. Parece un chiste pero no lo es. Tampoco que un Jefe de Estado que no ha sido elegido por ni uno solo de los electores del estado se convierta en defensor de la democracia ante el desafío soberanista catalán. Tampoco que el partido del gobierno, envuelto en más de 60 casos de corrupción y con más de 800 imputados por corrupción, se erija en garante de la legalidad. Es decir que un gobierno, sustentado por un partido corrompido, y un Jefe de Estado, impuesto por la sucesión monárquica, cesan al gobierno de un territorio, ocupan las telecomunicaciones, controlan la policía armada, dirigen la economía y secuestran a un parlamento. Esto dicen que lo hacen con la constitución del 78 en la mano de lo cual podemos deducir que esta constitución legitima y permite los golpes de estado (de comunidad, autonómicos, terrritoriales o como se quiera llamar).

Hasta el día de hoy nos habían contado que el pueblo tenía derecho a elegir y controlar a sus gobernantes pero el gobierno de Mariano Rajoy nos ha dicho que no, que ellos pueden quitar a un gobierno de en medio sin contar con el pueblo, sin preguntar a los catalanes qué quieren hacer con el que ellos han elegido. En concreto a 1.966.508 catalanes, que votaron a los partidos que integran el Govern. Si contamos a los votantes de partidos que defienden el derecho a decidir y el referéndum pactado estaríamos hablando de 2.334.121. Pero también a aquellos que no les votaron: 1.608.840. No importa que las medidas adoptadas por el Govern estén respaldadas por millones de catalanes. Este ejercicio de desobediencia por parte de las autoridades de catalanas no hubiera podido producirse sin un sustancial apoyo ciudadano por lo que estas medidas suponen un desprecio a la decisión y posicionamiento político de estas personas. Ahora vivimos las consecuencias de decisiones que se tomaron desde el gobierno del Estado. Decidieron no negociar. Decidieron no dialogar. Decidieron no utilizar las herramientas que le ofrece la democracia para resolver un problema político. Su respuesta fue enviar 10.000 policías y guardias civiles. Su respuesta es cesar a un gobierno elegido democráticamente por vía administrativa y penal.

Es evidente que el gobierno no puede hacer esto sin tener un apoyo sustancial de la sociedad española. La preparación ideológica y emocional de la población ha funcionado cuando se ha necesitado. Las banderas españolas colgantes no solo son la reivindicación de una identidad heredera del fascismo sino, también, una respuesta contra otras identidades. Son símbolos negativos que representan la restricción de derechos y libertades, que se utilizan contra otros. En estos momentos, millones de españoles estarán aplaudiendo  las medidas aprobadas, ignorantes del golpe a la democracia, a sus derechos y libertades. Todo por el desprecio aprendido hacia un posicionamiento político legítimo como el derecho a decidir y el independentismo. Les han preparado para responder de forma indignada y para aprobar medidas de fuerza, firmes y tajantes, que muestre a los catalanes con quiénes se está enfrentando. Han asimilado que contra los independentistas, revelados por el nacionalismo español como enemigos de la democracia y de la paz, no se puede dialogar. Han comprado que las personas que viven en un territorio determinado no pueden tomar decisiones sobre ese territorio, su política y sus vidas porque no les gusta lo que podrían decidir. Y creen que esto es democracia.

Las muletillas políticas del gobierno de Mariano Rajoy han sido las esperadas: PSOE y Ciudadanos. Ciudadanos se ha vuelto a revelar como esa tercera pata que el sistema necesitaba para apuntalar el bipartidismo que el 15M intentó conjurar. La actitud beligerante de sus dirigentes forma parte del problema catalán. Al igual que el Partido Popular, se sienten cómodos en contextos de crispación y de confrontación social y política porque les permiten defender medidas que son bien vistas por sus votantes potenciales. Han echado leña sin importar las consecuencias, han tensado la cuerda y han evitado cualquier posibilidad de resolver este problema mediante el diálogo. En esta sociedad cuando se enfrentan las palabras con los hechos, se eligen las palabras. Por eso Ciudadanos es el partido del diálogo y el PSOE un partido de izquierdas. Da igual lo que hagan porque sus votantes les compran lo que digan. Pedro Sánchez se ha convertido en un mago de la palabra, ahora te la muestro, ahora te la quito. Ayer era no al 155. Hoy es sí. Ayer era pedir la dimisión de Mariano Rajoy. Hoy es ir de su mano. Todo esto porque somos la izquierda y la consabida habilidad pesoista de engañar a sus votantes con eso que llaman responsabilidad de estado. La responsabilidad con las personas, con los pueblos, pasó a la historia.

Los medios de comunicación han tenido un gran protagonismo creando un estado de opinión favorable a este golpe a la democracia. El 90% de los artículos y titulares de la prensa del regimen (El Pais, El Mundo, ABC o La Razón) han sido críticos con el ejercicio del derecho a decidir y la independencia de Catalunya. No se han incluido, de manera proporcional, otras voces favorables que pudieran explicar y exponer sus argumentos. Este no es el funcionamiento que se espera de una prensa democrática, que apueste por la pluralidad de opiniones, que sea capaz de ofrecer a sus lectores las diferentes perspectivas que existen sobre cualquier asunto político. Se indignan cuando les gritan ¡Prensa española manipuladora! pero qué esperan cuándo en las redacciones se dicta lo que se tiene que escribir, se modifican titulares para que vayan en consonancia con la linea editorial, se tergiversan declaraciones o imágenes, se apoyan las agresiones policiales a ciudadanos como una respuesta proporcional del estado. Lejos de aportar un debate abierto y plural, han generado crispación. A su vez, las televisiones y emisoras de radio han ocultado opiniones diferentes bajo toneladas de opiniones de periodistas con la vena inflamada. Un periodismo al servicio del estado y no de la democracia. Su fidelidad es con aquellos que les pagan. Con aquellos que mandan. La democracia es, para ellos, solo una palabra que sirve para exhibir violentamente cuando aparecen opiniones y acciones que cuestionan el statu quo.

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