¡Desobediencia!

Al nacionalismo español, que representan el Partido Popular, Ciudadanos, PSOE y otros partidos satélites, el referéndum catalán les sirve para dos cosas. La primera es colocar en plano secundario los graves problemas políticos y sociales, monopolizando el debate político, los titulares de los medios afines y las tertulias televisivas y radiofónicas. La segunda es criminalizar los nacionalismos partiendo de la premisas falsa de que el nacionalismo español no existe. La maquinaria del estado está en pleno funcionamiento desacreditando a los políticos, partidos y movimientos que apoyan el ejercicio democrático que representa una consulta popular. No han escatimado recursos públicos para perseguir, intimidar y amenazar a las cabezas visibles. Han mentido, han elaborado informes falsos y han conspirado mientras, retóricamente, hablaban de democracia, justicia y legalidad.

No faltan evidencias que muestran la verdadera naturaleza antidemocrática del gobierno español. Esta es una más, que lejos de avergonzarnos sirve como munición para las conversaciones a pie de calle, mediatizadas por años de lavado de cerebro contra los nacionalismos vasco y catalán y los independentistas. El drama es que millones de españoles apoyan las acciones antidemocráticas del gobierno y se creen cualquiera información que critique, desacredite o denuncie a los independentistas y nacionalistas catalanes. No importa que sea falsa y tergiversada. No les importa utilizar cualquier medio que lleve a evitar la división del Estado Español.

La trampa es convertir el referéndum catalán en un acto ilegítimo negando a las personas el derecho a decidir sobre el lugar, país o nación en el que viven. Es decir, convertir una acción democrática en un delito. El mundo al revés. El estado ha creado las condiciones para que el referéndum sea considerado ilegítimo. No es que lo sea sino que la precaria conciencia democrática de los partidos nacionalistas españoles les ha llevado a retorcer las leyes y al maltrato sistemático de los símbolos y referentes de los nacionalismos, llamados periféricos, para evitar la división del estado. Su éxito consiste en que la opinión pública considera ilegítima una acción puramente democrática y niega el derecho de los catalanes a decidir sobre su futuro.

Ante la manipulación del Estado, la realización del referéndum es una acción de desobediencia civil y este es su principal propósito. Desobedecer a un Estado que no respeta derechos fundamentales, desenmascararlo y mostrar su naturaleza antidemocrática. Saltarse todas las leyes que impiden el ejercicio democrático de expresar lo que uno quiere para el lugar, país o nación en el que vive y aspirar al legítimo derecho de autodeterminación. Desobedecer de forma pacífica pero firme en la defensa de los derechos y libertades que les pertenecen. En Catalunya se está construyendo democracia frente a aquellos que la utilizan para conseguir sus intereses sin importarles la voz de la sociedad. El objetivo del Estado Español es acallar voces. La posibilidad de que las personas decidan es para ellos un crimen. La democracia, esa de la que habla la prensa del estado y los voceros de los partidos del nacionalismo español, es solo una palabra que sirve para ocultar que lo que más temen es que el pueblo decida. Ante su manipulación, mentiras y juego sucio solo queda desobedecer.

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