Ilusión de alternativas a la francesa

No deja de ser simbólico que el Frente Nacional esperara los resultados de las elecciones francesas en un centro público llamado François Mitterrand. No porque este sea socialista, sobre lo cual habría mucho que discutir, sino por haber sido uno de los responsables del crecimiento del partido ultraderechista con su instrumentalización electoral. La utilización interesada para movilizar votos basados en el miedo a lo que representa el FN ha sido extremadamente eficaz tanto para la derecha como para la izquierda. Cuánto más miedo, más apoyo electoral para ganar y seguir desarrollando una política liberal notoriamente incapaz de solucionar los problemas a los que se enfrentan las sociedades del siglo 21. En las eleciones presidenciales de 2002, Jacques Chirac fue beneficiario primario del apoyo de la izquierda francesa, ante el temor de que se impusiera la ultraderecha de Jean-Marie Le Pen, aunque sus políticas fueran contrarias al ideario socialista. Aún así Chirac hizo algo muy positivo como fue criticar y no participar en el grupo criminal de las Azores, formado por Bush, Blair, Aznar y Barroso, que se dedicó a asesinar familias, mujeres, hombres, ancianos y niños, destruyendo edificios históricos y patrimonio histórico de la humanidad [parecen el Estado Islámico, ¿verdad?], bombardeando Iraq, apoyados en la mentira de las armas de destrucción masiva. Fue la única etapa en la que el gobierno francés no colaboró en desestabilizar la zona y alimentar la actual confrontación y el auge del terrorismo. Hizo esto pero aplicó unas políticas neoliberales que, al igual que en el resto de países europeos, contribuyeron al actual estado de las cosas.

La unión contra el fascismo es fundamental y moralmente necesaria. El FN es un partido esencialmente fascista. Algunos pueden decir que tiene razón en esto o en aquello pero no se puede perder la perspectiva de la naturaleza de un partido que se enmarca dentro de la extrema derecha y el discurso del odio, por muy buenas maneras que se muestren. Hay que tener en cuenta que los dirigentes de extrema derecha [los estratégicos] no van con tridente, ni cola ni cuernos de demonio sino que adoptan una imagen más suave, firme pero educada y dialogante, con el objetivo de distraer la mirada de lo que son a lo que dicen ser. Además desde el punto de vista comunicativo son claros, dicen las cosas sin circunloquios de una manera que todo el mundo lo entiende lo cual les diferencia de una clase política tradicional en crisis de credibilidad. Es solo una apariencia construida conscientemente para el engaño. Por eso esta impostura tiene que ser respondida social y políticamente desde la unión.

El problema se encuentra en que a su vez el FN es instrumentalizado como un señuelo por los partidos políticos tradicionales, socialistas y gaullistas, que vieron en la política del miedo una oportunidad para conseguir mayorías que les permitieran seguir desarrollando políticas neoliberales nocivas. Hay que recordar que Mitterrand adoptó oficialmente la política liberal en 1983, abandonando el socialismo, en paralelo a lo que ocurría en el Estado Español con Felipe González. Es decir, los dos grandes partidos franceses aplicaban la política económica desde los mismos planteamientos teóricos lo cual les convertía en compañeros de un viaje que ha devenido en uno de terror no solo por la violencia terrorista sino, principalmente, por la depauperación de la clase trabajadora y la acumulación de bienes por parte de las elites. De esta manera nos encontramos con la necesidad de un frente unitario contra el fascismo y la continuación de la misma política, basada en principios económicos liberales, que conducen a las sociedades europeas al desastre. Con el frentismo evitamos el ascenso de los fascistas al poder y, a la vez, permitimos la continuidad de políticas nocivas. Perdemos igualmente. Es una ilusión de alternativas perfecta. Elijamos lo que elijamos perdemos. La jugada de la élite política y económica es magistral aunque conviva con el riesgo del crecimiento del FN.

En río revuelto ganancia de pescadores. La elite económica se maneja hábilmente en contextos de crisis en los que la incertidumbre, la inseguridad y el miedo se convierten en herramientas para doblegar voluntades y conseguir objetivos. El antídoto es la sociedad despierta, crítica y formada. Un antídoto que está desgraciadamente por elaborarse. No dan puntada sin hilo, acogiéndome a otro refrán. A la élite les interesa ciudadanos acríticos, miedosos y sumisos. Para ello utiliza no solo los medios de comunicación, que marcan la opinión y el camino a seguir, sino también las políticas educativas y el sometimiento laboral y económico. La mayor parte de la sociedad está atrapada en la ilusión de alternativas construida y es ciega a otras alternativas de sociedad. Si la libertad está en peligro lo está en este sentido. Nuestras elecciones están mediatizadas por otros. Nos acercamos al discurso hegemónico sin cuestionamiento y, de esta manera, allanamos el camino a que se impongan narrativas contrarias a los intereses de la clase trabajadora. Así las opciones son Emmanuel Macron y Marine Le Pen. Seguimos en la deriva.

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