El fascismo que nos rodea

Geert Wilders ha prometido expulsar a la escoria marroquí en el inicio de la campaña electoral en los Países Bajos.No sé exactamente la palabra que utilizó pero escoria en el idioma español significa cosa vil y de ninguna estimación. También tiene relación con palabras como desecho, basura, desperdicio, residuo, hez, impurezas vil, despreciable o ruin. Su partido es el Partij voor de Vrijheid. El partido de la libertad. La apropiación bastarda que el nuevo fascismo realiza de conceptos como Libertad es absolutamente descarada hasta el punto de defenderla para expulsar a aquellos que ellos consideren como no aptos para vivir en su país. Es la libertad de no respetar los derechos humanos y de disparar a los que intentan saltar una valla o llegar a nado a otro país. El derecho a defenderse de una invasión. La defensa de una identidad que se ve amenazada por la realidad multicultural que existe en la mayor parte de los países europeos. Precisamente es la defensa de una identidad determinada lo que está detrás de improperios como escoria marroquí. Es una manera de distinguir la autenticidad, la pureza y la virtud frente a las impurezas de lo diferente. Lo aterrador de todo esto es que no solo Wilders piensa de esta manera.

El movimiento identitario ha dejado de ser minoritario. Probablemente muchos de los grupos de ideología identitaria no destacan, por el momento, en número de militantes pero sus ideas están más extendidas de lo que parece. El movimiento migratorio es visto por un gran número de personas como una amenaza ya no solo por las supuestas pérdidas de puestos de trabajo sino por dejar de ser lo que somos. De esta manera, la criminalización de población inmigrante, principalmente de origen africano o provenientes de países de mayoría musulmana, es fácil de creer aunque no se manejen datos objetivos que la demuestren. La objetividad, en este caso, no es necesaria cuando se apunta a las emociones. Esta es la fuerza de los planteamientos identitarios. En una sociedad en la que las certezas desaparecen y la desesperanza se impone, la defensa de lo que uno es junto a la construcción de un enemigo imaginario se torna en imprescindible para sobrevivir. Nos da algo contra lo que luchar, algo que golpear para aliviar la frustración que nos provoca nuestra miserable vida.

El fascismo actual se construye alrededor de la invasión migratoria. Los partidos fascistas crecen y se reproducen en los países europeos, llegando a las instituciones en Francia, Suiza, Bélgica, Austria, Hungría o Alemania, avivando el miedo a la inmigración y difundiendo un ideario de odio en el que la deshumanización del otro tiene un destacado lugar. Son escoria, sucios, terroristas, ladrones, criminales, asesinos. Definiendo una realidad como esta, ¿quién quiere vivir con esta gentuza? ¿quién va a permitir a los refugiados terroristas invadir sus países para cometer asesinatos de niños y mujeres? Esta simplificación y falsificación de la realidad es muy poderosa en las sociedades actuales, en crisis económica y moral. No tenemos tiempo para comprobar que esto es mentira cuando nuestros trabajos están en el aire. Si es que están. Nos valen experiencias muy concretas para validar planteamientos generales. Es suficiente ver a una gitana rumana birlando un monedero para sostener que todos son ladrones. Nuestra mente tiende a simplificar la realidad y si nosotros no damos sentido a lo que vemos o vivimos nos lo darán otros.

Los fascistas son especialistas en construir realidades en las que nos veamos amenazados y en necesidad de defendernos y, desgraciadamente, no hay una narrativa suficientemente potente como para revertir el avance que están teniendo en estos primeros años de siglo. Una narrativa que pueda activarnos emocionalmente para defender los derechos y libertades de las personas y que nos ayude a convivir en un mundo inevitablemente multicultural. El silencio ante el alambre de cuchillas de las vallas de Melilla es un efecto de la podredumbre moral que se extiende en el Estado Español y en Europa. Si miramos a nuestro alrededor encontraremos a amigos, familiares y conocidos que critican a Trump y su muro mexicano mientras ignoran o desconocen los muros de muerte que dicen protegernos de la avalancha migratoria en el norte de África. Trump es el esperpento pero las políticas migratorias europeas son ya una realidad que han provocado miles de muertos. No hace falta que los identitarios y sus grupos fascistas alcancen el poder para ponerlas en práctica. Sus ideas han llegado antes.

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