Venezuela

 

Desde que Chávez ganó las elecciones venezolanas en 1998, el gobierno bolivariano ha sido objetivo a derrocar de las derechas del mundo. Las mentiras, los descréditos, las tergiversaciones, las ocultaciones y las manipulaciones han formado parte de la información que hemos recibido sobre este país. En 2002 se organizó un golpe de estado, apoyado explícitamente por presidentes de gobierno de otros países, que, finalmente, fracasó gracias a la oposición activa de una gran parte del pueblo. Pero no se quedó ahí. Los planes de desestabilización han estado en activo durante estos 18 años.

La ofensiva mediática en el estado español ha sido constante pero se ha intensificado en los últimos años y, especialmente, con la aparición de Podemos. No hay día que no se hable de Venezuela y no ha habido tantos expertos en la realidad política de este país como ahora. Se abusa de palabras como libertad, democracia y derechos humanos cuando lo que se quiere decir es control del poder y modelo económico. De repente, el número de personas que tienen familia y amigos en Venezuela aumenta exponencialmente y sus opiniones adquieren categoría de verdad absoluta.

El drama de la desinformación y de la polarización política es que no permite hacer un análisis mesurado y racional de lo que está pasando. Las opiniones nos exigen posicionarnos en un extremo de un continuo. No interesa la reflexión tranquila porque lo que se pretende es movilizar las emociones más viscerales. En el fondo el pueblo venezolano es lo que menos importa cuando lo que está en juego es si los míos alcanzan el poder o no. No le importa a nadie porque aquí estamos hablando de confrontación de ideologías y de modelos. Y esto nos ciega, nos permite entrar en el mismo debate de confrontación política que se vive en el estado español.
Venezuela es un instrumento más para desacreditar al rival político. No tiene más función que esta. En otras ocasiones ha sido Cuba o cualquier otro país que oliera a comunismo. La bestia negra, el apocalipsis, el caos, el holocausto puede variar pero siempre sirve para lo mismo. La mayor parte de los que despotrican contra el gobierno de Maduro no conocen la realidad social y política del país ni les interesa. Tiene una utilidad y es evitar, en el contexto paranoico propio de la derecha, que no gobierne lo que consideran comunismo y populismo de izquierdas. Para eso la derecha sabe apretar la tecla adecuada, la que solivianta e indigna al rebaño que bala al ritmo que le marcan.
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